Se hizo un silencio brutal.
Nadie respiró.
Y entonces, con un clic suave, casi elegante, la puerta de la caja fuerte se abrió.
Marcus juró en voz baja.
Dr. Chen se llevó una mano a la boca.
Uno de los técnicos murmuró algo sobre milagros y humillación profesional en la misma frase.
Fared no se movió durante varios segundos. Solo miró la puerta entreabierta, luego a la niña, luego otra vez a la puerta, como si necesitara repetir el orden del mundo para aceptar que había cambiado.
—Ábranla —dijo al fin.
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