—Va a ser interesante trabajar contigo.
—Eso espero —respondió ella—. Si no incomoda un poco, probablemente no sirve.
Antes de que terminara la noche, firmaron los primeros documentos provisionales. El dinero quedaría protegido en una estructura legal blindada. Harper tendría cubiertas sus necesidades inmediatas, acceso a atención médica, educación, vivienda segura y acompañamiento, pero sin perder control sobre la misión del fondo. Fared, por voluntad propia, renunciaba a toda autoridad operativa futura.
Cuando todo estuvo hecho, la ciudad ya brillaba bajo la noche.
La oficina, que horas antes había sido un escenario de pánico corporativo, se había convertido en el lugar donde nació algo más grande que un rescate financiero.
Harper estaba agotada. De pronto volvió a sentirse una niña. El cuerpo le pesaba, el hambre seguía allí, ahora mezclada con una adrenalina rara. Fared lo notó.
—No hemos solucionado lo más urgente —dijo.
Ella lo miró, confundida.
Él tomó el teléfono.
—Traigan comida. Mucha. Y que alguien consiga ropa, por favor. Y un médico. Y… —hizo una pausa, midiendo las palabras— …y una habitación segura donde pueda dormir esta noche sin que nadie la eche en la mañana.
Fue entonces cuando Harper sintió algo que no supo nombrar enseguida.
No era confianza todavía.
Tampoco alivio completo.
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