Fared tardó en responder.
Podría haber dicho que ella había salvado un acuerdo multimillonario. Que merecía una recompensa. Que el gesto mejoraría su imagen pública si alguien llegaba a enterarse. Pero miró a Harper y entendió que no podía insultarla con una respuesta incompleta.
—Porque te lo has ganado —dijo primero.
Ella negó con suavidad.
—Eso es una razón de negocio. Tú piensas en inversión, retorno, utilidad. Pagar cien millones por lo que hice no tiene sentido empresarial, por muy valioso que sea.
Fared sintió algo parecido a la vergüenza y al respeto al mismo tiempo.
—Tienes razón. Entonces te doy otra respuesta. Quiero hacerlo porque acabo de ver, delante de mis ojos, el fracaso de todos los sistemas que se supone que deberían haber estado de tu lado. Un sistema educativo que no te encontró. Un sistema de acogida que no te protegió. Una ciudad que te dejó pasar hambre. Y, aun así, aquí estás. Más brillante que todos nosotros.
Harper guardó silencio.
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